Marcha Fúnebre
Por Bianca Lizbeth Pérez Morales
Enero 2011
Un funeral más en Hermanos Cedillo…
El último al que acudí aquí fue al de un miembro de mi familia.
¿Un miembro? No, no era solo eso, era el alma y pilar de mi familia, de mi pequeña familia materna. Mi querida abuela.
Está vez, no voy en la marcha fúnebre, tampoco asistí al velorio, mucho menos estoy en el entierro. Tan solo escucho los sollozos desde mi ventana, los gritos de dolor, seguramente de la madre afligida que al acudir a dar el último adiós a su preciado hijo, ayer fallecido. Se le ha vuelto a partir el corazón.
Me siento afligida y estoy evitando derramar las lágrimas por aquel chico al que nunca conocí, con el que jamás entable una conversación.
Pero, es que al escuchar la marcha fúnebre, los cantos, el llanto. Todo me recuerdo aquellos días, las últimas dos ocasiones en las que el año que pasó, yo junto a mi familia tuve que decir también adiós.
Resignación y esperanza de que estén en un lugar mejor, sin dolor. Es el consuelo para quienes esperamos aún en la tierra, el día en que sea a nosotros, a quienes nos digan adiós.
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